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¿Una Ley de Empleo Público para la totalidad del Estado costarricense?

13/06/2018

Última actualización Jun 12, 2018

Eduardo Carrillo Vargas.  (Ph.D. Administración).


Lo previó la Constitución del 49 en su artículo 191, con la creación del Servicio Civil y un estatuto que “regulará las relaciones entre el Estado y los servidores públicos, con el propósito de garantizar la eficiencia de la administración”. Y lo manda el principio de equidad contenido en el artículo 33, que establece la igualdad ante la ley y la prohibición de los privilegios para unos, que son discriminación para otros. Como ha ocurrido en muchos otros campos, los políticos ignoraron nuestra Constitución Política.


La Constituyente del 49 previó el ordenamiento de la gestión pública con un fuerte aporte en el campo de la administración del recurso humano, elemento originador y ejecutor de las iniciativas de desarrollo que emanan del Estado costarricense. Como es bien sabido, nuestro Estado es el eje principal del desarrollo, por su rol determinante de sectores tan esenciales como educación, salud, seguridad, energía, combustibles, agua e infraestructura en general. Aunque su mayor imperativo es la equidad, hoy la eficiencia ha elevado su jerarquía. Su contraparte, la ineficiencia, constituye el principal obstáculo para lograr el aporte público al bienestar de toda la población. Sin productividad de los vastos recursos del Estado, no hay desarrollo ni bienestar social. Y ahí estamos.


Tan pronto como surgió la opción del ordenamiento del régimen laboral público, también aparecieron las presiones en favor de intereses corporativos y privilegios especiales. Durante la gestión Ulate Blanco, 1949-1953, comienza la desbandada del régimen de servicio civil. Muchas instituciones presionaron por independencia, para liberarse de los controles del Estado y procurar privilegios especiales. La excelencia inicial de la Dirección General de Servicio Civil no fue motivo para que los gobiernos de turno le dieran los recursos que requería para desarrollarse. El interés especial se impuso sobre el interés nacional. Contrario a la letra y espíritu del artículo 33 mencionado, hoy compiten por privilegios unos 50 regímenes laborales del Estado, que es patrón único.


Las consecuencias son claras. La Contraloría General de la República ha advertido que el régimen de autonomía que ha crecido no representa ganancias importantes en eficiencia. Además, el impacto negativo en gobernabilidad es contundente: la lucha por privilegios agota los recursos públicos, ocupa a la totalidad del Estado y genera, como mecanismo de presión, huelgas que se revierten sobre los más frágiles, que tienen una mayor dependencia de los servicios públicos. Hay evidencia también que la calidad de servicios públicos baja, mientras sus costos suben.


La Administración Alvarado Quesada parece incursionar en estos campos, según parece, para buscar reformas estructurales. En días recientes, la Ministra de Hacienda reveló que se hará algún estudio sobre la macroestructura del Estado, porque, como lo hemos dicho también nosotros, mas de 300 entidades públicas son simplemente inmanejables y requieren alguna forma de racionalización y especialización. Peor, tal nivel de dispersión impide que el Estado cumpla sus objetivos políticos, económicos y sociales.


También se anuncia alguna propuesta hacia un sistema que defina las características esenciales del régimen laboral, de tal manera que se pueda preservar la equidad contenido en el artículo 33 ya mencionado: sin privilegios para unos funcionarios públicos, que son discriminación para otros. Muy bien por esta iniciativa, pero para que los beneficios sean sostenibles, es necesario fortalecer la institución del Servicio Civil, como el gran centro, con las competencias necesarias para introducir una gestión de personal adecuada a las metas del Estado (desarrollo en equidad) y a las demandas de la nueva economía. El Estado debe ser primero en eficiencia, sustentado en un buen régimen laboral, que deberá promover la productividad del recurso humano, eje central de un esfuerzo para que las instituciones públicas recuperen la equidad perdida y puedan brindar su aporte a las metas nacionales de desarrollo y bienestar social.


Una crítica constructiva al Gobierno: se repite, una y otra vez, la defensa de los derechos adquiridos. Un buen artículo titulado ¿Es la anualidad un incentivo salarial intocable?, escrito por Paola Gutiérrez, ofrece una buena visión de la extensión del derecho adquirido. Pero sorprende, en especial cuando lo dice el Ministro de la Presidencia, que las reformas se limitan al Gobierno Central y, se sugiere, que las instituciones autónomas hagan lo mismo. La independencia es un mito, contrario a la autoridad que otorga al Poder Ejecutivo nuestra condición de Estado Unitario. Tal independencia no existe. Lo que sí existe, de acuerdo con la Constitución Política (CP), es autonomía administrativa, pero no de gobierno, que reside en el Poder Ejecutivo. Se agrega a ello el principio de RECTORIA, según el cual las Políticas de Estado son responsabilidad de presidente en asociación con sus ministros de cada ramo. Como lo sabrá don Rodolfo Piza, hay amplia jurisdicción al respecto. Sin persistir en este punto, el daño que nos hacen cuando se ignora esa autoridad de ámbito estatal, es dejar por fuera algo más del 60% de los recursos públicos en la búsqueda de un mejor y más equitativo desarrollo nacional.


Otro problema de gestión pública que aporta a le ineficiencia, son las juntas directivas, muy politizadas. Primero, sus campos deberían de delimitarse mejor y buscar gerentes de altos niveles de competencia, preferiblemente estables, para conducir las instituciones públicas, muchas de ellas entre las más grandes y complejas de la región, por ejemplo, el MEP, el MOP, INS, CCSS, bancos, etc. Segundo, muchas juntas directivas son innecesarias, si la responsabilidad política para su conducción reside en el ministro del ramo respectivo. Todo esto subyace sobre el problema de ineficiencia, que tiene un alto costo e impacta en la disponibilidad del recurso público.


Sin embargo, volvamos sobre la gestión de personal. El Servicio Civil, uno de cuyos campos de especialidad es la selección de personal, podría realizar, en función auxiliar al presidente y su gabinete, el proceso de selección previa de candidatos a integrar directivas de distintas instituciones públicas. Sería una forma de insertar el componente técnico, en aras de la excelencia, con lo cual se mejora la calidad de la decisión política.


La administración Alvarado Quesada parece transitar por una senda sólida de cambio, que nos negó el anterior gobierno, y varios otros antes de éste. Nuestras notas y sugerencias intentan abrir el espacio de discusión y buscar un mayor impacto, promoviendo condiciones que duren a través de décadas futuras. Son en esencia tres: 1) tal vez la más importante: revisar nuestra condición de Estado Unitario, que sin duda alguna, le dan al Ejecutivo la autoridad para que las reformas tengan alcance estatal; 2) crear, bajo cualquier formato o denominación, una Ley Marco con las condiciones laborales comunes a todo el Estado, lo que daría concreción al principio de equidad contenido en el artículo 33 de la CP; y 3) hacer al Servicio Civil, como también lo establece la CP, el eje central de la gestión de personal del Estado, por supuesto, con subsistemas que permitirán a las instituciones públicas responder a sus requerimientos especiales, dentro de las disposiciones de la Ley Marco.


PD: como ejemplo de referencia para ver el ámbito de la autoridad del poder ejecutivo sugerimos dos: 1) el Dictamen 078, 23/04/1999 de la Procuraduría General de la República y 2) el artículo El Gobierno de los jóvenes y del bicentenario ¿Más de lo Mismo?, que incluye varias citas de dicho Dictamen. https://www.larevista.cr/el-gobierno-de-los-jovenes-y-del-bicentenario-mas-de-lo-mismo/


 


https://www.larevista.cr/una-ley-de-empleo-publico-para-la-totalidad-del-estado-costarricense/




Lee estos libros y serás más inteligente

18/09/2017

MANAGEMENT 15 SEP, 2017


CIUDAD DE MÉXICO.- En el desarrollo de la cognición intervienen diversos factores, como la genética, la alimentación y la educación. De eso no hay duda.

Sin embargo, siempre es posible aumentar nuestros niveles cognitivos, porque la inteligencia no es algo con lo que se nazca y no se pueda modificar; en realidad, la inteligencia puede mejorar si se ejercita de forma correcta.

¿Cómo lograrlo? Nuestro cerebro posee una cualidad imprescindible para su desarrollo llamada plasticidad, la cual, de acuerdo con Carl Sagan, en su libro Los dragones del Edén es la “adaptabilidad y capacidad para ser formado, moldeado y, de manera, específica, la facultad de asimilar las enseñanzas del medio exterior”.

Sin esta cualidad, sería prácticamente imposible sobrevivir para el ser humano, pues es por medio de la plasticidad o, neuroplasticidad, que nuestro cerebro puede aprender, asimilar y poner en práctica lo aprendido.

Precisamente la lectura es uno de los catalizadores principales de la plasticidad porque es capaz de crear nuevas redes neuronales y aumentar la imaginación y la creatividad, e incluso, la empatía, según diversos estudios.

En este sentido. ¿qué sería ideal leer para aumentar nuestra inteligencia? Si tu primer impulso es voltear hacia los libros técnicos… está bien, pero eso no es todo. Te tenemos una mejor noticia: libros de ficción.

Así lo concluyó un estudio, en el que los resultados indicaron que la ficción literaria ayudó a mejorar las habilidades empáticas de las personas. 

Pero, ¿qué leer? Pablo Fernández Berrocal, catedrático de psicología de la Universidad de Málaga, asegura que “las novelas de cierta calidad requieren una mayor atención intelectual y un pensamiento creativo más afinado a diferencia de las más populares y fáciles de leer, al estar llenas de personajes complejos”.

Además, otro estudio enfatiza que “las personas que leen ficción se vuelven más empáticas porque estimula las experiencias sociales, en las cuales las personas practican y mejoran sus habilidades interpersonales”.

Así que no te recomendaremos leer Crepúsculo.

Te dejamos dos grandes recomendaciones que cuentan precisamente con el ingrediente de "personajes complejos" y que, esperamos, te guíen en tus próximas elecciones literarias:

La Guerra y la Paz - León Tolstoi

La Guerra y la Paz es un libro enorme, pero también es un amplio análisis de la historia a través de la perspectiva profunda de personajes que podrías encontrar en la vida real.

En 1863, Tolstoi quiso escribir una novela sobre un disidente político que regresaba del exilio en Siberia, pero cinco años después terminó con una novela de 1,200 páginas llena de amores, fusilamientos, visiones religiosas, quiebra, y más, pero sin un exilio y sin disidentes políticos.

Tolstoi habla de grandes eventos históricos, pero también de las vidas de las personas envueltas en esos hechos. En La Guerra y la Paz no hay protagonistas, sino una intricada red de personas reales y ficticias, relaciones y preguntas. A la vez, el libro intenta responder grandes preguntas de la humanidad, como cuál es el origen de las guerras.

Todo ello hace de la obra un título panorámico que abarca historia, cultura, psicología, filosofía y la respuesta humana a la guerra.

Los Miserables - Víctor Hugo

Este es un libro histórico. Víctor Hugo no sólo era novelista, sino también era poeta y político. En Los Miserables, describe las clases sociales en la Francia de su época.

Refleja mucho la sociedad y el pensamiento humano de aquella época e incluye el contexto social y político.

Habla del bien y el mal desde diversas perspectivas: ética, filosofía, religión, política, etc., pero no de una forma maniquea, en la que las cosas son sólo buenas o malas, sino observando la gama de grises que existen entre esos dos polos.

¿Qué te parece?

Te dejamos otros cinco títulos que también cuentan con el ingrediente de personajes complejos y que te podrían interesar:

    _Ana Karenina - León Tolstoi_Crimen y Castigo - Fiodor Dostoievsky_Cien Años de Soledad - Gabriel García Márquez_A sangre fría - Truman Capote_Ensayo sobre la ceguera - José Saramago


¿Ya leíste alguno de ellos?

Un país de cuatro años

19/07/2017

19 de julio, 2017  /  Mauro Fernández

opinion@laprensalibre.cr

Los países dejaron de ser aldeas, pueblos o comunas y se han convertido en verdaderas corporaciones que requieren de una enorme efectividad para poder progresar. No importa si es un país pequeño o un país grande, así como tampoco importa que una empresa sea grande o pequeña. La clave del éxito reside en la efectividad de sus gestiones.

Como ocurre en cada empresa, cada país maneja una serie de lineamientos específicos que determinarán el éxito empresarial. Hoy más que nunca se le asigna una importancia capital a la experiencia de los ejecutivos, directores y gerentes con respecto al quehacer cotidiano de la empresa.

Hoy se considera inadmisible que los líderes de una compañía nunca hayan pasado por un puesto de atención al público, no dominen el “teje y maneje” del engranaje de la empresa, desconozcan el seno mismo de las oficinas y no hayan tenido la oportunidad de empaparse “de la vivencia de trinchera”. Hoy este conocimiento es un requisito indispensable para guiar los destinos de una corporación. Hoy se le atribuye una especial relevancia a esa experiencia en el ramo, por encima de muchos otros atestados.

Quizás esta sea la razón por la cual muchas gestiones gubernamentales no llegan a buen puerto. Todavía tenemos la costumbre de ver en los puestos públicos parte del “botín electoral” con el cual se debe recompensar a los “fieles de campaña”. La desventaja es que, en muchas ocasiones, si bien las personas nombradas tienen algunos atestados, carecen por completo de ese conocimiento necesario en las instituciones públicas.

Es entendible que las cabezas de diferentes dependencias gubernamentales sean “gente de confianza”. El problema se presenta cuando, en cada institución, quienes ocupan los puestos más importantes y, por ende, más remunerados, se nombran obedeciendo parámetros políticos más que por credenciales y experiencia.

Lea: Pensiones y bocones: el futuro incierto

Debido a la brevedad de nuestras Administraciones, de escasos cuatro años, justo cuando estos personeros comienzan a entender los detalles de su cargo y a “hacer espuela”, son relevados por la siguiente Administración. Así, se empieza de nuevo con el acostumbrado reparto del botín político, y la dirección de las instituciones gubernamentales queda otra vez tierna e imberbe.

Cada cuatro años, los trabajadores de las diversas instituciones estatales observan cómo alguien ajeno a la institución, un auténtico desconocido, toma las riendas. En otras palabras, cada cuatro años un desconocido, que a su vez desconoce la institución, es el líder que guiará su rumbo por cuatro años. Se dice en pasillos que los puestos políticos son pedidos por los adeptos al partido siguiendo el monto salarial. Es decir, cada uno busca el mejor ingreso, aun cuando el trabajo le resulte ajeno o insulso, pues en muchos casos solo importa el ingreso. A veces, en media Administración, si queda una vacante más remunerada en otra institución, mueve sus influencias para solicitar ese nuevo puesto, que también desconoce.

De igual manera, cuando el mismo partido continúa en el poder, es común que a quien estaba allá lo pasen para acá y a quien estaba acá lo pasen para allá. Algo así como una mejenga de pueblo, en la cual en la primera parte soy portero y en el segundo tiempo salgo de delantero. La improvisación estatal ha sido la norma en muchas áreas del país.

Si fueran empresas, de seguro quebrarían. Ninguna entidad soporta el precio de la improvisación. Ninguna entidad sobrevive sin planes a largo plazo. Ninguna corporación resiste la ausencia de continuidad en el control de gestión. Ninguna corporación sale a flote si cada cuatro años empieza de cero, si cada cuatro años cambia de rumbo. Sobran razones para entender por qué, como país, no levantamos cabeza.

Es entendible que las áreas estratégicas del Gobierno estén copadas por personal de confianza, pero estas entidades a lo sumo se cuentan con los dedos. El resto de instituciones deben ser resistentes a los cambios de Gobierno. La mayoría de las instituciones debe tener planes a largo plazo que no sean interrumpidos o descontinuados cada cuatrienio.

Esto traería una ventaja adicional. Si damos estabilidad a las cúpulas institucionales, estas no tendrían que optar por agradar al político de turno ni tendrían que ser sumisas y obedientes a los dictados apresurados de algunos gobernantes. Se podría llevar las riendas de las instituciones sin estar viendo sus repercusiones electorales. Sobra con mencionar el ejemplo de la crisis en el sistema de pensiones: según han destacado muchos eruditos en el tema, no se aplicaron las medidas que se debieron tomar hace algunos años, precisamente por una especie de cálculo electorero, el cual no contempló una visión a largo plazo.

No podemos seguir siendo “un país de cuatro años”. No podemos seguir teniendo planes solo a corto plazo. No podemos, como nación, tener sueños pequeños, ambiciones pequeñas y obras pequeñas. Desde la transnacional más rimbombante hasta la venta de tacos de la esquina, quebrarían con una visión tan cortoplacista.

El plan vial nacional, el manejo de los recursos hidroeléctricos, los planes reguladores de vivienda y urbanismo, las políticas de salud, el sector agrario, el área de la pesca, las políticas educativas, la gestión de las energías renovables, el manejo de la seguridad social, entre muchos otros, requieren con urgencia planes a largo plazo que no respondan a los intereses políticos del momento, sino que sean ejecutados por peritos y expertos, con el fin de marcar el rumbo idóneo para el país.

Cinco hábitos para lograr una alta inteligencia emocional

26/04/2016

http://www.elfinancierocr.com/gerencia/habitos-gente-alta-inteligencia-emocional_0_929307070.HTML

RECURSOS HUMANOS


Muchos podrían pensar que ser emocionalmente inteligente es algo que se tiene o no se tiene ¡nada más lejos de la realidad!


¿Alguna vez ha escuchado a alguien decir: "yo soy así y ya no hay nada que hacer" o tal vez "yo por las buenas soy muy bueno (a), pero por las malas…"?

Esto no tiene porqué ser así. La inteligencia emocional (IE) es una habilidad que se puede desarrollar, de la misma forma en que un niño de 10 años o un adulto mayor pueden aprender a conducir un vehículo o a nadar.

De esto puedo dar fe a título personal: a falta de experiencia y de consciencia en el tema, debo decir que hace muchos años la falta de IE me trajo problemas que podría haber evitado si en aquel entonces me hubiese dado a la tarea de investigar y formarme en el tema. La falta de IE me trajo problemas en el trabajo, en casa y hasta en las "mejengas", como le llamamos en Costa Rica, a los partidos de fútbol no oficiales.

LEA:  ¿Qué debe hacer el gerente cuando surgen problemas de cultura organizacional?

Me pregunto si a usted le habrá pasado alguno de estos ejemplos:

-Mal humor debido a un partido de fútbol (o algún otro deporte de su preferencia)

-Una discusión familiar en la que usted no se contuvo y dijo algo de lo que se arrepintió en el momento.

-Una propuesta en el trabajo que le fue rechazada y una discusión con su jefe como parte de su defensa.

-Una conversación con su hijo o hija adolescente que termina en una discusión porque usted no supo controlar sus emociones tras sus respuestas.

LEA:  Seis consejos para que los colaboradores se comprometan con los objetivos de su organización

A continuación, le comparto cinco hábitos que aplican las personas con alta inteligencia emocional. Usted puede comenzar a practicarlos constantemente y convertirlos en un hábito en su vida también:

1.- Son conscientes:

Las personas con alta IE procuran ser conscientes de su estado emocional la mayor parte del día. Quizá no sea tan sencillo mantenerse consciente las 24 horas del día pero en la medida que usted comience a monitorear sus acciones y respuestas le resultará más fácil aprender a controlarlas. Le invito a ver cuáles son las emociones que usted expresa con mayor intensidad (ira, enojo, alegría, preocupación, etc.) y cuando se encuentre en alguna de ellas, pregúntese ¿por qué me siento así?. Si es una emoción que desea controlar de mejor manera y se encuentra cayendo en ella, háblese a usted mismo/a. El hecho de hablarse a sí mismo le ayudará a incrementar su nivel de consciencia y poco a poco verá cómo le será más fácil controlar esa emoción antes de que surja y le meta en problemas.

2.- Son positivos:

Las personas con Alta IE transforman lo negativo a positivo; siempre se encuentran buscando el lado bueno de la dificultad (siempre lo hay pero no siempre es evidente). Además, éstas personas se rodean siempre de personas positivas (se dice que uno se convierte en el promedio de las cinco personas con quién más se relaciona). ¿Cuánto cree usted que le ayude rodearse de personas negativas?

3.- Viven en el presente:

Quienes tienen una alta IE comprenden que sufrir por el pasado o preocuparse por el futuro no les ayuda a controlar sus emociones. Vivir en el presente (o como le llaman hoy mindfulness) nos permite no sólo disfrutar de lo que está sucediendo a nuestro alrededor sino también poder preguntarnos en ese diálogo interno ¿por qué me siento así?. De esta manera, tenemos la posibilidad de cambiar lo que no nos gusta. Además, al vivir el presente, las personas con alta IE cuidan muy bien sus pensamientos y sus palabras.

4.- Compran años:

Sí, por extraño que pueda sonar, estas personas comprenden que existe una gran sabiduría compartida por medio de libros, seminarios, coaches, mentores y hasta artículos de internet que han sido creados en base a la experiencia de años de sus autores. Invertir en sí mismos les permite comprar años de experiencia, años de vida.

5.- Siguen la regla de oro:

Las personas con alta IE no sólo comprenden sino que aplican la famosa regla de oro, ponerse en los zapatos del otro, y procuran caminar en esos zapatos. Imagínese que textualmente usted pudiera ponerse los zapatos de su jefe o de su pareja y que ambos tienen tallas diferentes, ¿usted cree que sería fácil caminar (o correr) con esos zapatos? Al tratar de caminar con ellos, podemos comprender las cosas desde su punto de vista y con ello no nos cerramos sólo en el nuestro.

LEA:  ¿Sabe si usted está provocando la renuncia de sus colaboradores talentosos?

La inteligencia emocional no es solo para los "elegidos" , sino que esta habilidad, con la práctica diaria, se puede convertir en un hábito.

*Conferencista y coach de liderazgo

Desgaste institucional

14/04/2016

ACTUALIZADO EL 09 DE ABRIL DE 2016 A LAS 12:00 AM

OPINION


Hemos creado decenas de instituciones de diferentes tamaños y programas

  •  

POR JORGE WOODBRIDGE

En los últimos 25 años hemos creado decenas de instituciones de diferentes tamaños, naturaleza, presupuestos y programas. Tenemos una estructura institucional que genera un alto costo operativo, duplicidad de funciones y una preocupante parálisis al desarrollo.

Nuestro Estado se ha vuelto gigante e ineficiente, sin ninguna viabilidad operativa y financiera para las nuevas exigencias sociales y de competitividad que requiere la Costa Rica del futuro.

El sector público tiene más de 300 instituciones, en su mayoría sin ingresos propios, que conforman un complicado y desarticulado Estado. Ningún partido político se ha atrevido a mencionar la reestructuración y racionalización del sector público como un eje central de su programa de acción.

La mayoría de los partidos defienden este enjambre de instituciones y el statu quopor la cuota política que aportan. Nadie se aventura a cerrar ninguna institución, aunque ya no cumpla ninguna función vital.

 

Servicio Civil. Está claro que el aparato estatal, para lograr la competitividad, debe contar con excelentes y comprometidos profesionales, buenas remuneraciones y una gran capacidad de crecimiento y mejora.

Pero, contrario a ello, hemos propiciado un crecimiento desmedido sin objetivos claros, ni mecanismos de revisión y evaluación. La inmovilidad del empleado publico, la protección de derechos de unos pocos, la incapacidad de fijar responsabilidades y resultados nos tienen atrapados.

La rendición de cuentas, la productividad y la fijación de metas claras es compleja.

Ante esta realidad, es básico que, como parte de esta transformación, revisemos la actual estructura de la Dirección General del Servicio Civil (DGSC), institución que debe ser líder en la profesionalización de los funcionarios de Gobierno.

Solo si se administran los recursos humanos del sector público con gran flexibilidad y productividad lograremos mayor eficiencia.

Un mundo cada vez más competitivo nos exige hacer reformas importantes y drásticas en el modelo de empleo público. Tenemos que flexibilizar la Administración Pública y adaptarla a las nuevas metas de desarrollo.

Es ilógico que para contratar a un profesional con características especiales se debe escoger solo entre la terna que envía la DGSC, que, por su estructura y limitados recursos no tiene las habilidades para seleccionar los mejores candidatos.

Tampoco es razonable que un funcionario tenga asegurado por décadas su puesto, independiente de su productividad.

Es necesario descentralizar más la contratación de nuevo personal, reformar la DGSC y delegar responsabilidades en los jefes de departamentos, para que sean los responsables directos del reclutamiento, despidos y valoración de su personal, bajo un estricto control y profesionalismo.

La evaluación de los empleados por parte de su superior inmediato debe trascender a instancias superiores. Es importante que cada institución diseñe su escala de remuneraciones ajustándose estrictamente a las políticas hacendarias y las necesidades y objetivos de cada institución.

Solo si logramos rendición de cuentas, seguridad para el empleado eficiente, movilidad, evaluación objetiva, descentralización, competencia abierta y transparente y una correlación clara entre resultados y costos, alcanzaremos mayor productividad.

No podemos seguir manteniendo un sistema de salarios donde la antigüedad prima sobre los méritos. No puede calificarse a todo el personal como excelente o muy bueno, solo por no comprometerse con un compañero.

Política salarial. Paralelamente a la creación de nuevos impuestos, hay que ordenar los salarios y los pluses. Debe detenerse la política expansiva en el gasto público, especialmente cuando está asociada a un gasto de carácter permanente.

Los salarios representan prácticamente el 40% del gasto total del Gobierno Central y un 27% en el resto del sector público.

El aumento en las remuneraciones del Gobierno Central han crecido un 50% en términos reales, en los últimos ocho años, y este incremento significa un 2,5% del PIB.

En promedio, los empleados estatales ganan un 250% más que en el sector privado. En los salarios de los grupos ocupacionales más calificados, las anualidades y los pluses son más del 40% de sus ingresos y, lógicamente, varían de acuerdo a la institución donde trabaje.

Un gerente de división de la Asamblea Legislativa con 30 años de laborar percibe apenas el 30%, y el 70% son anualidades y pluses. En un mismo puesto, en diferentes instituciones, pueden haber grandes diferencias. Los efectos del encadenamiento sobre los salarios base, las anualidades y pluses causan un efecto multiplicador distorsionante.

Marco jurídico. Los artículos 191 y 192 de la Constitución establecen las regulaciones entre los servidores públicos. El control del gasto en salarios depende de la Autoridad Presupuestaria (AP).

El problema es que la AP establece políticas únicamente a un tercio de las instituciones y no tiene injerencia en municipalidades, universidades, CCSS, Poder Legislativo, Poder Judicial, TSE, bancos, la Defensoría, Recope, ICE, INS, Aresep, Sutel y otras decenas de instituciones que están en libertad para establecer todas las prebendas y privilegios que quieran, sin valorar los costos que, en primera instancia, los asumimos los consumidores de sus servicios vía tarifas o impuestos.

Es imposible hablar de una reforma fiscal sin atacar los problemas centrales. Claro que la salida es compleja, pero es impostergable.

Las convenciones colectivas no se modifican en lo sustantivo y son un derecho reconocido constitucionalmente y por acuerdos firmados con la OIT.

El Código Municipal permite la negociación de convenciones colectivas en todas las municipalidades en forma independiente. Muchos ministerios pueden salirse de las directivas de la AP.

El Ministerio de Planificación cumple el papel de coordinador de la política de empleo, pero no tiene poderes. Más del 45% de los empleados públicos están cubiertos por convenciones.

Rumbo. El futuro es difícil si no se logran acuerdos políticos. Hay que hacer reformas importantes para buscar más efectividad y movilidad.

La falta de capacidad de ejecución, el complejo reglamento legislativo, la ingobernabilidad, las remuneraciones excesivas, los privilegios, el endeudamiento y el gasto público creciente apuntan a un problema de insostenibilidad.

En solo tres años la deuda pública superará el 60% del PIB de no tomar medidas drásticas en el gasto y los ingresos.

Necesitamos reducir el déficit en un 3,7% del PIB para evitar caer en una grave crisis social y económica. Hay que buscar acuerdos, el gobierno y la oposición deben asumir el liderazgo y la valentía para enderezar esta situación.

No se trata de buscar culpables, pero no podemos mantener regímenes de pensiones, transferencias y privilegios que son irracionales.

El autor es ingeniero.